28 noviembre 2005

El espesor de la epidermis


Niü! Fest/Casa 13
Debatir sobre música electrónica suena tan extraño como bailar un memorándum. Pero a lo largo de tres tardes, mientras la ciudad hervía en su propia salsa, algunos noctámbulos compartieron opiniones sobre el fenómeno. Y también compartieron unos damascos. La batalla enfrentó a DJ vs. Prensa, Artistas Sonoros vs. DJ, Productores vs. Resto del Mundo. No hubo que lamentar víctimas fatales. Sólo cabe mencionar los esqueletos de los damascos, esos carozos delatores, como testimonio de la apertura de un nuevo espacio para saciar el hambre. Voracidad cultural que pretende abarcar, conocer, desmenuzar, aún a sabiendas de que, bajo la bola de espejos, todos somos iguales. Profundidad de la incisión en el cuerpo de un género al que se acusa de descarnado. Tendría que llegar el fin de semana para que las cosas vuelvan a estar en su lugar.

1 comentario:

una no tan anónima dijo...

"No hubo que lamentar víctimas fatales..."

Nos encontramos de casualidad en la casa 13 para hacer honor a nuestra falta de superstición.
Ahí estaba Larry con los Pitufos. Nos miramos un rato largo con el rabo del ojo hasta que decidimos dejar de lado diferencias y nos encontramos en medio del salón.
Antes que pueda decir algo, Larry con ambas manos intentaba cubrir su cuello con mas fuerza de lo habitual.
Se trataba de un carozo de damasco atravezado en su faringe.
Su retirada fue eminente.
Y me fui como se retiran las feas, sin haber recibido ningún beso.
Para la casa 13, el mejor día de su vida!
No soy supersticiosa.
Larry tampoco.
Sin-Tía.

¿Chat?

Lejos de la cercanía

Lejos de la cercanía
“Cuando vivís es extraño todo lo que sucede”, dice el amigo Martín Toledo en su novela “Proximidad”. Martín, el que cayó aquella noche de 2004 desde el escenario de Casa Babylon. El que regresó a la superficie con los puños llenos de literatura. Llanto de Mudo fue la editorial que recogió esa furia y la convirtió en un libro. Más de 160 páginas en las que se cronica un fracaso tras otro. Porque, ya lo señala el propio autor, “cuando se quiere ser feliz comienzan las equivocaciones”. Y allá vamos entonces, cayéndonos y levantándonos, durmiéndonos y despertándonos. Cada vez más lejos y cada vez más cerca de la felicidad.

EL FANZINE

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