18 noviembre 2005

Refugio para el honor

Museo del Rock de Córdoba/Cabildo Histórico
La lluvia desaforada me obliga a silbar "Gimme shelter", el himno rollinga. Esquivando charcos, entro al Cabildo, subo al primer piso e ingreso en un Museo de Grandes Novedades. "El tiempo no para", pienso, mientras recorro con la mirada la muestra de rock cordobés. Es raro descubrir tantas pruebas de que existe algo que para la mayoría silenciosa pasa desapercibido. Mi vieja, por ejemplo, nunca los escuchó. Pero yo sí. Yo volví en la caja de una chata en diciembre de 1987, después de ver en vivo en la Ciudad Universitaria a Praxis, Seno de Beta, Descartables, Eternautas, Washington Canesú y Las Solapas, Proceso a Ricutti, Astroboy y Mousse. Bajamos en un bar, pedimos una Córdoba Dorada. Y compramos el diario al primer canilla que tuvimos a mano. Para qué, no sé. Si estaba claro que allí no íbamos a leer nada realmente importante.

4 comentarios:

Rodrigo Ulloa dijo...

es un honor para mi haber organizado el festival Superpop¡¡¡ en noviembre del 2003, que es una de las pocas cosas que organice, pero sino la mas importante (?) y vi el afiche ahi en el museo del rock, gracias a quien lo puso y dos críticas constructivas: deberia estar el fanzine Horrible y deberian haberme invitado a participar, tnego un pequeño archivo que a lo mejor servia.
salut!
Rod.

Anónimo dijo...

tengo una bufanda de capardi cuando era bueno, vale?

saluti

el moncho

pol dijo...

Todavía tienes esos discos? Me gustaría una copia de Proceso a Ricutti

Anónimo dijo...

entren a www.lossalierisdefreddy.com.ar
todo lo de cordoba esta ahi!!!!!!!!!!!!

¿Chat?

Lejos de la cercanía

Lejos de la cercanía
“Cuando vivís es extraño todo lo que sucede”, dice el amigo Martín Toledo en su novela “Proximidad”. Martín, el que cayó aquella noche de 2004 desde el escenario de Casa Babylon. El que regresó a la superficie con los puños llenos de literatura. Llanto de Mudo fue la editorial que recogió esa furia y la convirtió en un libro. Más de 160 páginas en las que se cronica un fracaso tras otro. Porque, ya lo señala el propio autor, “cuando se quiere ser feliz comienzan las equivocaciones”. Y allá vamos entonces, cayéndonos y levantándonos, durmiéndonos y despertándonos. Cada vez más lejos y cada vez más cerca de la felicidad.

EL FANZINE

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