23 abril 2007

Cavidad

Desde Aporiro, Mousse y Los Músicos del Centro, anda Córdoba desandando los caminos del virtuosismo. Una tradición ciudadana que se respeta a rajatabla. Si hasta en la nada frívola de los noventa, hubo un Golpe de Calor que hizo tábula rasa. Ahora, con Titi Rivarola pulsando riendas, es Tórax el encargado de heredar. Y lo bien que hace. Medida x Medida entrega a Shakespeare con tal de que estos cuatro fabulosos no se le escapen. Muchos de los que hasta hace un rato intentaban quitarse el olor a naftalina de sus abrigos, ya se han desentendido de esas cuestiones paganas. Y están en éxtasis, con el cerebro en rebanadas y el corazón frito. No hay sensaciones térmicas sino emociones que, en algunos casos, hasta provocan ataques de hipo y secan la garganta. Cuando Tórax se despide, no queda nada por hacer. El cuerpo viaja en soledad hasta Babylon, aplaude a DDT, se clava unos tragos. El alma no. El alma no, porque se hinchó demasiado y ya no cabe en la cavidad torácica.

2 comentarios:

titi rivarola dijo...

carlos muchas gracias por tu comentario sobre tórax y destacarnos "herederos" de algunas de las mejores bandas que nos dió la música popular de cba. gracias por recordarme a aporiro y mousse, propuestas con las que he vibrado y aprendido "música" en mi primera juventud. un abrazo enorme. titi

fusil azul dijo...

hola carlos. gracias por destacarnos "herederos" de algunas de las mejores bandas que ha dado la música popular de cba. gracias por recordarme a aporiro y a mousse, artistas increíbles con los que vibré y aprendí "música" en mi primera juventud. un abrazo enorme. titi

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Lejos de la cercanía

Lejos de la cercanía
“Cuando vivís es extraño todo lo que sucede”, dice el amigo Martín Toledo en su novela “Proximidad”. Martín, el que cayó aquella noche de 2004 desde el escenario de Casa Babylon. El que regresó a la superficie con los puños llenos de literatura. Llanto de Mudo fue la editorial que recogió esa furia y la convirtió en un libro. Más de 160 páginas en las que se cronica un fracaso tras otro. Porque, ya lo señala el propio autor, “cuando se quiere ser feliz comienzan las equivocaciones”. Y allá vamos entonces, cayéndonos y levantándonos, durmiéndonos y despertándonos. Cada vez más lejos y cada vez más cerca de la felicidad.

EL FANZINE

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