07 noviembre 2008

Saloon

Así como de la nada, de la misma nada que es el reverso perfecto de todo, aparecieron Juan Carlos y Walter Ruben en la barra de Mirando al Cielo y ejecutaron vaya a saber cuántas cervezas. En esa noche arrancaba un ciclo que convoca a periodistas para que musicalicen las veladas de los jueves. Pablo Leites se calzó bien calzado el buzo de deejay en el debut. Juan Carlos y Walter estaban ahí para negociar la presencia de los DJ Charlatans en la fecha del 20 de noviembre. Eso era todo, el mismo todo que es el reverso perfecto de la nada. Iván, el anfitrión del lugar, les despachó una botella a poco más de cero grado. Ellos cogoteaban para no perder de vista lo que no había que perder (como mínimo) de vista. Las pupilas de Walter Ruben se encendieron con un par de morochas arrobadoras. Juan Carlos le seguía la corriente sanguínea. En eso estaban cuando se apropió del centro de la escena Joaquín Galán, el Pimpinela, el amigo de Diego y de Guillote, un dandy de aquellos. Se descargaba la cortina de lluvia de "Riders on the Storm", como si fuera un western, cuando Joaquín se acodó con sus amigos en la misma barra. Salpicaba el teclado de Ray Manzarek, cuando llegaron las chicas de pantalones blancos ajustados. Cantaba el propio Jim Morrison "Girl ya gotta love your man", cuando Walter instó a Juan Carlos para que huyesen sin pagar. Así, impunemente, abandonaron el saloon por la puerta grande. Ya habría tiempo al día siguiente para regresar y saldar la deuda. Para encontrar a Diego Capusotto sentado en la misma banqueta que ocupó Joaquín Galán. Ya no sonaban los Doors ni mucho menos. Y el reverso de la nada, o sea todo, parecía haber perdido su encanto en apenas 24 horas.

2 comentarios:

sebastian camargo dijo...

a veces solo bastan un par de horas para desencantarse del idilio.
salud!

chivilboy dijo...

joaquin si nacia en usa iba a ser un bee gees.

¿Chat?

Lejos de la cercanía

Lejos de la cercanía
“Cuando vivís es extraño todo lo que sucede”, dice el amigo Martín Toledo en su novela “Proximidad”. Martín, el que cayó aquella noche de 2004 desde el escenario de Casa Babylon. El que regresó a la superficie con los puños llenos de literatura. Llanto de Mudo fue la editorial que recogió esa furia y la convirtió en un libro. Más de 160 páginas en las que se cronica un fracaso tras otro. Porque, ya lo señala el propio autor, “cuando se quiere ser feliz comienzan las equivocaciones”. Y allá vamos entonces, cayéndonos y levantándonos, durmiéndonos y despertándonos. Cada vez más lejos y cada vez más cerca de la felicidad.

EL FANZINE

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