19 junio 2006

Yo no puse tus miedos

Fede Flores/Mielcitas
Hay que atreverse a que un show acústico sea encabezado por un disc jockey. Por un artista sonoro que, sobre el escenario, sólo dispone de máquinas. En compañía de Stella Artois, voy a escuchar qué se propone Fede Flores. Y es así como, sobre el mantel de sus bases, el DJ se hace un picnic. Unta scratches en el pan amasado por Spinetta, por Cerati, por Melero. Y canta el mantra de la distorsión vocal, cuando las horas bajan y el día es tibio, sin sol. El dice que también pagó placeres ciegos. Y que la inconstancia no es algo heroico, que es más bien algo enfermo. Un dee jay con mensaje. Cuando Fede regresa al llano, cubren su retirada con un manto de aplausos. La situación deja de ser imprecisa. Los pinchadiscos vuelven a poner la música en su lugar. A ver si todavía alguien se confunde. Salgo a la calle y piso el macadam, pero la carcajada del Carpo -la misma que escuché alguna vez en el baño de Factory- me alcanza desde el más allá. No tengo miedo. Stella ya es apenas un envase. Y yo estoy tan solo en la vida, que mejor me voy.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fede Flores me hace acordar a Ronaldinho, esta muy inflado, se prende en todas, se rie todo el tiempo, pero no hizo ningun gol aun....es triste....no tiene arte, no hay vuelo artistico, solo tiene una gran coleccion de maquinas, las cuales suenan mal.
lamentablemente no hay calidad, no hay cabeza, como ya dije lo unico que hay en sus sets son maquinas (miles), prefiero una guitarra sola (sin microfono) y un buen artista.
Es un pais generoso....

Esporádica dijo...

Epa!!! no será demasiado? Y vos anónimo, qué hacés a todo ésto? te dedicás a algo más que a reventar gente que se expresa?

¿Chat?

Lejos de la cercanía

Lejos de la cercanía
“Cuando vivís es extraño todo lo que sucede”, dice el amigo Martín Toledo en su novela “Proximidad”. Martín, el que cayó aquella noche de 2004 desde el escenario de Casa Babylon. El que regresó a la superficie con los puños llenos de literatura. Llanto de Mudo fue la editorial que recogió esa furia y la convirtió en un libro. Más de 160 páginas en las que se cronica un fracaso tras otro. Porque, ya lo señala el propio autor, “cuando se quiere ser feliz comienzan las equivocaciones”. Y allá vamos entonces, cayéndonos y levantándonos, durmiéndonos y despertándonos. Cada vez más lejos y cada vez más cerca de la felicidad.

EL FANZINE

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