17 mayo 2007

Victoria de los perdedores

Ahora que a los perdedores nos consideran hermosos, me veo en la obligacion de poner las cosas en su lugar. El que pierde siempre y sin atenuantes, no es el más loser. El peor es el que, cuando saborea las mieles del triunfo, sufre una derrota inesperada en el último minuto. Por ejemplo, el otro día, en un boliche de Recoleta, me encontré con la victoria entre mis brazos. Le convidé pastillas Halls, me invitó una caipira. La besé hasta quitarle la respiración, me deslenguó con sus mimos. Me aferré a su talle perfecto, tensé la curvatura planetaria de sus pechos, desandé el meridiano de su calza hasta llegar a las zonas menos erróneas. Me adoró las manos como se endiosa a un objeto de deseo. Le confesé que hace tiempo la estaba persiguiendo, me dijo no sabés cómo te quiero. Y así como no lo supe esa noche, poco después la victoria se me escapó y hoy se exhibe en la vitrina de trofeos de un ganador auténtico. Nosotros, los que sólo sabemos perder, ante una situación así nos reconfortamos por haberlo hecho bien otra vez.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ja!!!!esas cosas pasan juanca...pero seguis siendo un campeon...
un saludo de tu vecino, desde barcelona

José dijo...

Amigo Maraddón, visitando el blog Bestiaria (bestiaria.blogspot.com) me encuentro con una descripción del estereotipo de "la fiestera", especimen con quien uno por estas tierras también se puede topar. Superficial, hueca y esas cuestiones.

Y ahí nomás me acordé de este blog, que cronica las noches desterrando el prejuicio del noctámbulo carente de literatura bolichera. Iba a comentarlo en el post, pero no creo que en Baires asocien el Ojo Bizarro más que con un defecto físico. Me fui silbando bajito y vine para acá a contárselo. Las cosas en su lugar. Un saludo.

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Lejos de la cercanía

Lejos de la cercanía
“Cuando vivís es extraño todo lo que sucede”, dice el amigo Martín Toledo en su novela “Proximidad”. Martín, el que cayó aquella noche de 2004 desde el escenario de Casa Babylon. El que regresó a la superficie con los puños llenos de literatura. Llanto de Mudo fue la editorial que recogió esa furia y la convirtió en un libro. Más de 160 páginas en las que se cronica un fracaso tras otro. Porque, ya lo señala el propio autor, “cuando se quiere ser feliz comienzan las equivocaciones”. Y allá vamos entonces, cayéndonos y levantándonos, durmiéndonos y despertándonos. Cada vez más lejos y cada vez más cerca de la felicidad.

EL FANZINE

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